Recientemente he leído el libro de Ferran Ramon-Cortés que
lleva por título el que encabeza este post, y que es muy sugerente como
todo lo que escribe el citado autor sobre comunicación. Hace tiempo que estoy
convencida que un requisito fundamental, y no siempre tenido en cuenta, para
una buena comunicación es la escucha, que se debe realizar a
través de todos nuestros sentidos. A lo largo del libro el autor presenta cinco claves para conocer a los demás, comprenderlos y conectar con ellos;
y lo hace utilizando los pasos para realizar un buen retrato.
¿Cuántas veces nos
sentimos decepcionados o tristes al esperar que alguien nos diga las palabras
deseadas? ¿Qué necesidad tenemos de escuchar lo que queremos oír, cuando al
estar centrados en el oído, nos estamos perdiendo todo lo que nos dice con
gestos?
De hecho, la
comunicación no verbal, es decir, lo que transmitimos con los gestos, es casi
el 80% del mensaje que transmitimos. Entonces, ¿cómo damos tan importancia a
las palabras si el resto del mensaje no es congruente con ellas? Por ejemplo,
un “te quiero” dicho mirando hacia el suelo, con susurro y con los brazos
entrecruzados en el pecho puede significar mucho menos que un “te odio” con una
sonrisa, un guiño y un abrazo.
Creo que nuestras
relaciones sociales y emocionales mejorarían mucho si nos acostumbráramos a
escuchar más con los ojos y a darle sentido a todo lo que vemos, más que lo que
oímos.

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