La lectura del artículo de Joan Costa que nos habla sobre que es imposible no comunicar me ha parecido de difícil comprensión pero he llegado a la conclusión de lo que nos quería trasmitir:
Es necesario aceptar que no importa lo que hagamos, dejemos de hacer o nos neguemos a hacer, siempre estamos comunicando. Por supuesto que lo que digamos o hagamos forma el cómo nos ven, pero también hemos escuchado en más de alguna ocasión que el silencio otorga.
Nosotros estamos siempre comunicando, aun cuando no pronunciemos una sola palabra, ni hagamos un solo gesto. En algún momento se encuentran las miradas, la misma cercanía de los cuerpos, el silencio, las pausas, todo entrega información. Muchas veces dice más el silencio que las propias palabras.
Si tenemos en cuenta que la comunicación está compuesta por palabras, gestos, movimientos y entonaciones, y que todo ello es descodificado por el receptor, podemos estar seguros de que una persona no sólo transmite lingüísticamente, aún en silencio éste podría estar comunicando, a través de su postura, lenguaje corporal incluso, a través de la mirada; la coherencia entre lo verbal y lo no verbal podría asegurar que el mensaje sea mejor recibido y, quizás aún mejor comprendido. El espacio, el contexto, también comunica.
Por lo anterior, tomemos conciencia de nuestro cuerpo, de nuestros gestos, del uso que hacemos del espacio porque estamos revelando lo que somos, dando a conocer nuestra identidad.

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